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Robo y hurto, la diferencia

El otro día, como abogados penalistas, mientras escribíamos otra entrada en la que hablábamos de los delitos de homicidio y asesinato y sus diferencias, se nos pasó por la cabeza hacer otra sobre la diferencia que existe entre robo y hurto, es normal oír esas dos palabras al mismo tiempo en los medios de comunicación y refiriéndose al mismo hecho. Antes de seguir con la temática del artículo permitirme un inciso. Seguramente vais a daros cuenta, si no lo habéis hecho ya, que hago muchas referencias a los medios de comunicación, no es ninguna obsesión, dan mucho juego mezclando conceptos y términos jurídicos, no es nada personal.

Robo y hurto, la diferencia

El hurto viene recogido en el artículo 234 de nuestro Código Penal, donde se dice: «El que, con ánimo de lucro, tomare las cosas muebles ajenas sin la voluntad de su dueño será castigado, como reo de hurto[…]» Y el robo viene recogido en el artículo 237, donde se dice: «Son reos del delito de robo los que, con ánimo de lucro, se apoderaren de las cosas muebles ajenas empleando fuerza en las cosas para acceder al lugar donde éstas se encuentran o violencia o intimidación en las personas.»

En ambos casos es evidente que el hilo conductor es el «ánimo de lucro» ya tomen o se apoderen de las cosas ajenas, la diferencia entre ambos delitos es la forma en la que se procede a la sustracción de las cosas, en el robo se pueden dar dos opciones con fuerza en las cosas o violencia o intimidación a las personas, por lo tanto la diferencia entre ambas es que el robo conlleva una acción violenta y el hurto no. Sencillo ¿verdad?

Con un ejemplo sencillo, estamos en la Plaza Mayor de Madrid en un momento «relaxing cup of café con leche» y tenemos nuestro smartphone encima de la mesa, apartamos los ojos de él y al volver la vista hacía donde estaba se ha evaporado, hemos sufrido un hurto; pero si en vez de tenerlo sobre la mesa estamos manteniendo una conversación con él y un tercero nos lo arranca de las manos llevándoselo, hemos sufrido un robo.

Hurto y su castigo

Hasta el momento todo parece simple, pero como en casi todos los delitos su castigo depende de cómo se cometan los mismos, así el castigo puede ir de tres a doce meses de multa, pena de prisión de seis a dieciocho meses o penas de prisión de uno a tres años, para que el hurto sea castigado con esta última pena debe darse alguna de las siguientes circunstancias recogidas en el artículo 235 del Código Penal:

  1. Cuando se sustraigan cosas de valor artístico, histórico, cultural o científico.
  2. Cuando se trate de cosas de primera necesidad o destinadas a un servicio público, siempre que la sustracción ocasionare un grave quebranto a éste o una situación de desabastecimiento.
  3. Cuando revista especial gravedad, atendiendo al valor de los efectos sustraídos, o se produjeren perjuicios de especial consideración.
  4. Cuando ponga a la víctima o a su familia en grave situación económica o se haya realizado abusando de las circunstancias personales de la víctima.
  5. Cuando se utilice a menores de catorce años para la comisión del delito.

Robo y su castigo

En cuanto al castigo por el robo con fuerza en las cosas es de prisión de uno a tres años, de dos a cinco años cuando concurran las circunstancias referidas en el ya citado artículo 235 o si el robo se realiza en casa habitada, o edificios o locales abiertos al público en cualquiera de sus dependencias. Estas penas son independientes de las que puedan inferirse por los actos de violencia física realizados.

Nuestro consejo como no puede ser de otra forma es que siempre actuemos dentro de la legalidad y el sentido común, aún así os recordamos que estéis a uno u otro lado si necesitáis abogado aquí nos tenéis a vuestra entera disposición.

La Pérdida desconocida

En primer lugar vamos a poner en situación y contexto el concepto de «pérdida desconocida», no siempre ésta está producida por el hurto, la definición más exacta de este concepto, y al tiempo más fácil de comprender, es que es la diferencia que resulta al realizar una auditoria o inventario de material, entre la cifra de mercancías reales que se encuentran en ese inventario y las teóricas que se suponían antes de la misma, por las mercancías adquiridas para su puesta en venta. Pero la pérdida desconocida no se registra solo en las mercancías objeto de venta por las empresas, puede ocurrir entre los bienes y propiedades de las empresas, que no están a la venta, material de oficina, equipos informáticos, mobiliario, etc. Y por último otro tipo de perdidas asimilables a la pérdida desconocida son aquellas que se producen o bien por imprudencia o por falta de honestidad de algún empleado de la empresa que si bien no es identificado, el mal causado es reflejado en los balances de la misma.

Pérdida desconocida: el mal invisible

Hay que distinguir al tiempo que por ejemplo no todo el hurto cometido contra una empresa o comercio, puede ser declarado como pérdida desconocida, es condición sine qua non que el hurto no se haya detectado, es decir que no se pille con las manos en la masa al autor o se tenga conocimiento del hecho aunque no se tenga al que lo propicia, la misma situación es extensible a las perdidas por imprudencia o por falta de honestidad u honradez de nuestros empleados, la pérdida desconocida debe ser en si misma un mal invisible, que no sea detectado en el momento de su causa, es decir que la causa de la pérdida no esté identificada, por lo que en los balances aparecen a efectos contables como un mismo apunte, aunque por lógica tengan diferentes orígenes. El resto de pérdidas que sí se han identificado, son en realidad pérdidas conocidas y se registran como tales en la contabilidad.

Pérdida desconocida: el hurto en comercios

Del Barómetro Mundial del Hurto en la distribución 2014-2015, se arrojan datos que son curiosos en cuanto a los objetos que son la diana preferida para el hurto en comercios, y que son en su mayoría cuchillas de afeitar, complementos de moda, útiles para dispositivos móviles, etc. Tiene su lógica, son objetos de reducido tamaño que se pueden ocultar con cierta facilidad en la ropa que llevan los autores de los hurtos. Pero quizás el dato que más nos hace pensar es que en el periodo de 2014-2015 el montante de pérdidas por hurto en España se eleva a casi dos mil quinientos millones de euros, algo más del uno por ciento de las ventas de los comercios minoristas, si a esa cifre se le sumamos el coste en prevención y seguridad contra el hurto que realizan las empresas, nos vamos a poco más de cuatro mil millones de euros y nos subimos a algo más del dos por ciento de las ventas del sector.

España en el top del hurto en comercios

Esas cifras sitúan a España en unos puestos poco honorables de entre los países en los que el hurto en comercios es un grave problema, somos los sextos del mundo, nos «ganan» en México, Holanda, Finlandia, Japón y China, que tengamos a esos países por delante borra de un plumazo algunos estereotipos como que la gente del Norte de Europa es más honesta que los países del Sur, o la honorabilidad de los asiáticos, en fin el que no se consuela es porque no quiere, y entre nosotros difícil consuelo tiene el saber que en nuestro país hasta en esto somos de «moral distraída», ya sabemos de sobra el mal endémico de la corrupción que asola nuestro país, pero quizás nos sorprenda más saber que en lo relativo a «llevarnos de los comercios las cosas sin pasar por caja» tampoco somos un gran ejemplo…

En verano despedíamos a las faltas del nuevo Código Penal, con un artículo que titulábamos «las faltas dicen adiós en el nuevo Código Penal», con aquella reforma el hurto pasó a considerarse un delito leve. y los que superen los cuatrocientos euros pueden llevar a penas de entre seis y dieciocho meses de prisión, aunque en algún medio español digan que una de las conclusiones de este barómetro es que este cambio legislativo está detrás del descenso de denuncias por hurto comparando el ejercicio de 2013 con el de 2014, es algo improbable ya que hasta julio de 2015 no entró en vigor dicha reforma. Es más exacto o sencillamente más cierto, que hasta no disponer del número exacto de denuncias de la segunda mitad de 2015 no se podrá empezar a comparar datos y empezar a ver si realmente la cifra de hurtos baja y se puede considerar a la reforma como el factor de dicha bajada, hoy por hoy achacar la bajada de 2014 a esa reforma es simplemente «hablar por hablar».

Imputado: ¿Que es exactamente?

Como abogados penalistas, las constantes noticias de procesos judiciales contra la corrupción política que suelen inundar los medios de comunicación, han puesto de “moda” un termino usado en Derecho Penal “imputado”. Pero la mayor de las veces la forma de dar las noticias por parte de los medios no deja muy claro ¿qué es? y ¿qué implica? estar imputado…

 

Imputado, ¿qué es?:

Como hemos comentado al principio el termino imputado es relativo al Derecho Penal, es un concepto técnico jurídico utilizado al dirigir contra una persona concreta un procedimiento penal, sería ella la que estuviese imputada. Conlleva que existe un procedimiento penal en el juzgado contra esa persona, si pusiéramos en una escala cuatro conceptos: sospechoso, denunciado, imputado y acusado, el imputado se situaría por encima de sospechoso y/o denunciado y por debajo de acusado.

Para resumir, de una investigación judicial se acreditan indicios de la participación o colaboración de una persona en la comisión de un delito, es entonces cuando el juez le comunica su imputación en dicho proceso.

Imputado, ¿qué implica?:

Cualquier imputado conserva todos sus derechos, al estar introducido en un procedimiento penal se realizará una investigación sobre su persona para determinar si los hechos existen realmente y si son constitutivos de delito. Durante todo el proceso se tiende a preservar su persona y su dignidad, manteniéndose y respetándose en cualquier caso su derecho a la presunción de inocencia.

Durante el procedimiento penal la calidad de imputado puede sufrir cambios, si el Juez le impone medidas cautelares pasará a ser inculpado, si hay indicios suficientes de culpabilidad y el Juez dicta Auto de Procesamiento contra su persona pasará a ser procesado y en el caso de que se presente contra él escrito de acusación pasará a ser acusado.

Del mismo modo si del devenir de la investigación se muestra fehacientemente que los indicios y pruebas no demuestran la comisión de ningún delito por parte del imputado, el Juez puede cesar la calidad de imputado del sujeto.

En definitivas cuentas, la calidad de imputado en un proceso penal es consecuencia de los indicios de comisión de un delito tipificado en el Código Penal, el imputado sigue siendo inocente mientras no exista sentencia condenatoria. Será la investigación la que termine por esclarecer la participación o no del imputado en unos posibles hechos delictivos y será posteriormente un tribunal el que lo juzgue sentenciando entonces su inocencia o su grado de participación en los hechos juzgados.

En próximas entradas seguiremos hablando de temas relacionados con el derecho penal, si tenéis algún tema o sugerencia sobre lo que podamos escribiros haced vuestra propuesta. Si necesitáis que os asesoremos en cualquier tema, recordad que somos abogados penalistas.

Un saludo.

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