
Divorcio: quién usa la vivienda familiar y hasta cuándo
Una ruptura no solo es cada uno por su lado y ya está, también obliga a reorganizar por completo la vida de la ya expareja. Y, según entendemos por lo que nos explican nuestros clientes, uno de los puntos que más preocupación genera es el futuro de la vivienda familiar.
¿Quién puede quedarse en ella?, ¿durante cuánto tiempo?, y ¿depende de la custodia de los hijos o de quién sea el propietario?, son las preguntas que más respondemos, por lo que queremos hacerlo esta semana aquí.
¿Qué entiende la ley por “vivienda familiar”?
Fundamental: no todas las casas de la pareja se consideran vivienda familiar.
Este concepto aparece en el art. 96 del Código Civil, que dice que la vivienda familiar es aquella en la que convivía la familia de forma habitual antes de la ruptura.
Es decir, la casa donde estaban el día a día, la ropa, los deberes de los niños…, sin tener en cuenta quién sea el propietario o si está a nombre de uno o de los dos. Lo importante es que era el hogar familiar.
La regla general: ¿quién se queda en la vivienda?
Siguiendo con el Código Civil, tenemos una pauta general:
Si hay hijos menores, la vivienda se atribuye por lo general al progenitor que se queda con su custodia, porque la ley prioriza el interés de los menores y su estabilidad cuando la familia se va al traste.
Si la custodia es compartida, la decisión cambia y no siempre se mantiene la vivienda para uno de los dos, ya depende de la situación económica, de las necesidades concretas y del acuerdo al que lleguen los padres.
Si no hay hijos, la vivienda puede atribuirse temporalmente a uno de los cónyuges si se considera que tiene una especial necesidad. Pero no es así en todos los casos; es obligatorio demostrar esa necesidad y justificarla.
¿Qué ocurre si la vivienda es alquilada?
Si la vivienda familiar es de alquiler, puede atribuirse al progenitor custodio. En ese caso, ese cónyuge se subroga en el contrato de alquiler, tal como recoge la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU).
Eso sí, deberá asumir el pago del alquiler si así se acuerda o lo fija el juez.
¿Quién se queda con la vivienda familiar si hay hijos menores?
Aquí la ley es bastante clara porque, como decimos, el objetivo siempre va a ser evitar que los menores sufran un cambio brusco en su entorno.
Por eso, cuando la custodia es exclusiva o monoparental, la vivienda se queda para el progenitor custodio, aunque no sea el dueño del inmueble. La otra parte, aunque sea propietaria total o parcial, no podrá usar la casa.
Esto es así porque los niños deben mantener su vida tal y como era, dentro de lo posible, para que la nueva situación les cause el menor impacto posible.
¿Para siempre?
No.
Aunque es lo más habitual, puede revisarse en cualquier momento, si cambian las circunstancias: los hijos se hacen mayores, la situación económica varía, un cambio de custodia o cuando se crea una nueva unidad familiar en la vivienda, son casos en los que puede cambiar quién permanece en ella.
¿Quién se queda con la vivienda familiar si hay custodia compartida?
En este caso, la ley ya no puede apoyarse en un criterio tan claro como ocurre cuando se tiene la custodia exclusiva. Aquí, ambos están en igualdad en lo referente al cuidado de los menores, así que la decisión se analiza en función de muchos factores.
Lo fundamental, como ya hemos dicho e insistimos por su importancia, es siempre el interés de los hijos, pero también se valoran la situación económica, la disponibilidad de vivienda alternativa, la propiedad del inmueble, las necesidades especiales de algún menor, el tipo de organización que ya tienen los padres y hasta si hay una buena colaboración entre ellos.
Tras la valoración de esos puntos, las opciones más habituales son:
Temporal para uno de los progenitores
La solución más frecuente cuando uno de los dos está en situación vulnerable, necesita tiempo para reorganizarse o no tiene recursos para mudarse de inmediato.
La clave aquí es que nunca es indefinido: suele fijarse un plazo razonable para que esa persona se recupere económicamente y pueda buscar una alternativa. El juez intenta que esta solución no genere una desigualdad permanente entre los progenitores.
Venta de la vivienda
Hay casos en los que mantener la casa se convierte en un conflicto o un coste excesivo, y se opta por venderla para, luego, repartir el dinero según corresponda.
Es una decisión dura, pero la que más estabilidad aporta en algunos casos, sobre todo cuando ambos disponen de otras alternativas (vivienda propia, de un familiar o amigo, …).
Alquiler a terceros
Si ninguno puede quedarse o no es práctico para la custodia compartida, está la opción de alquilar la vivienda y usar esa renta para cubrir gastos relacionados con los hijos o para repartirse los ingresos.
Es una fórmula cada vez más común cuando ambos progenitores cuentan con estabilidad económica.
Casa nido (cada vez menos utilizada)
Los hijos permanecen siempre en la vivienda y son los padres quienes van rotando. A simple vista aporta mucha estabilidad a los menores, pero en la práctica genera bastantes problemas (costes duplicados, tensión entre progenitores, falta de privacidad…) y por eso los tribunales la reservan para casos muy concretos y siempre por periodos cortos.
Alternancia en el uso
Fijar que uno de los progenitores use la vivienda durante un período y, pasado ese tiempo, la utilice el otro. Es una opción útil cuando las circunstancias económicas son similares, ninguno puede asumir una mudanza inmediata y se busca un sistema equilibrado sin perjudicar a los menores.
En resumen, en custodia compartida no hay una solución estándar.
¿Quién se queda con la vivienda familiar si no hay hijos?
Aquí ya entra más en juego la situación económica de cada uno, y el juez puede otorgar su uso al cónyuge que se encuentre en situación de mayor necesidad, aunque no sea propietario. Pero, de nuevo, tiene un límite temporal y no se puede mantener de forma indefinida.
¿Durante cuánto tiempo se puede usar la vivienda familiar?
Este es uno de los puntos más importantes, así que vamos por partes.
Cuando hay hijos menores
Hasta que alcanzan la mayoría de edad o consiguen la independencia económica. Es decir, el uso está vinculado a su necesidad de vivienda. Pero, aun así, puede modificarse si cambian las circunstancias (cambio de custodia, una nueva unidad familiar, mejoras económicas o todo lo contrario y que se necesite venderla).
Cuando la custodia es compartida
El uso siempre es temporal, desde meses hasta pocos años, según la situación económica, el acuerdo o la decisión judicial.
Cuando no hay hijos
El uso también es muy limitado, y solo se concede si hay especial necesidad. Normalmente, se fija un tiempo concreto para que, la parte en situación más vulnerable, pueda reorganizarse.
Es un tema delicado que se une al dolor de la ruptura y que conlleva un gran impacto económico y personal. Cada caso, como vemos, es diferente y un abogado de Derecho de Familia es quien mejor puede ayudarte a defender tus derechos sin conflictos innecesarios.

Manuel Hernández García
Director y Socio Bufete Vilches Abogados
Letrado del Ilustre Colegio de Madrid 72.539








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