• _2015-07-27

El busto del Rey


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El busto del Rey, a raíz de la noticia y posterior debate mediático a colación con la decisión de la alcaldesa de Barcelona de quitar de la sala de plenos el busto del Rey Juan Carlos I, que presidía el mismo, nos acordamos de la película “el discurso del Rey”, ¿por qué? pues no lo sabemos porque poco o nada tienen que ver la decisión de la alcaldesa con lo que nos cuenta la película, quizás solo que en ambas hay un Rey de por medio, sea como fuere decidimos que el artículo de hoy tuviese este título “el busto del Rey”, como guiño a esa buena película de Tom Hooper, con Colin Firth y Geoffrey Rush, y así darle un poco más de empaque al revuelo que se ha formado y que de ninguna manera es nuevo, ni va a ser el único que se va a producir con las nuevas formas de hacer y entender la actividad pública de los nuevos regidores y representantes de lo público, es lo que pasa cuando alguien coge el guante de aquella famosa frase o idea “que se presenten a las elecciones”, más de una y de dos se estarán hoy arrepintiendo de lo que seguramente fue una ocurrencia jocosa, o a lo peor un consejo de algún asesor retribuido por encima de sus posibilidades…

El busto del Rey

Decimos que no es nuevo este revuelo mediático, porque en bastantes ocasiones ya hemos tenido polémicas sobre los símbolos que han de presidir o deben estar presentes en las distintas sedes de la soberanía popular, desde Ayuntamientos a Comunidades Autónomas, desde las banderas que deben presidir esos lugares, a las efigies reales o incluso banderas u otros símbolos que deben o no estar presentes. Recordemos que aún hoy sigue vigente la Ley de Memoria Histórica aunque de facto esté “interrumpida” su aplicación, de esa manera en multitud de lugares, algunos de ellos sedes de la soberanía popular siguen existiendo símbolos del anterior régimen. En otros casos no son pocos los alcaldes que no mantienen la bandera de España en sus consistorios, ejemplos tenemos de Norte a Sur, del País Vasco a Andalucía, y alguna Comunidad Autónoma que tampoco la exhibe en las comparecencias públicas de su presidente, en fin parece que los representantes de los poderes públicos tienen cierta tendencia a ser laxos con la aplicación de leyes y normativas, cuando les afectan a ellos o a sus posicionamientos.

Nosotros no vamos a entrar en discernir la conveniencia o no de la presencia de el busto del Rey en los Plenos de los Ayuntamientos, de si es exagerado o pasado de moda ese sin vivir por la teatralidad de las formas del gobierno de corporaciones municipales o comunidades autónomas, nosotros vamos a ver en qué leyes se fundamenta la obligatoriedad de la presencia de esos símbolos. La Ley que nos ocupa en esta ocasión es el Real Decreto 2568/1986, de 28 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales, del año 1986 así que desde el siglo veinte ya han tenido tiempo de aprendérsela sus señorías, o en todo caso de modificarla para adaptarla a una nueva realidad social. Y nos vamos a fijar en el Artículo 85, punto dos: “En lugar preferente del salón de sesiones estará colocada la efigie de S.M. El Rey.”

En seguida nos percatamos de que el artículo habla de “efigie” nos dirigimos a la RAE y en su definición de “efigie” en su primera acepción nos dice: “Imagen, representación de una persona.” Perfecto, hasta aquí ya sabemos que la obligatoriedad de tener en lugar preferente la efigie de S.M. El Rey no indica qué tipo de representación debe ser, así que desde un cuadro a un busto podría servirnos. La explicación o justificación de la Alcaldesa de Barcelona, es que la representación de ese busto no corresponde con la persona del actual Rey de España, a la postre Jefe de nuestro Estado, y por ello “en cumplimiento de la Ley la retira”. Hombre, ya puestos sin duda el “cumplimiento de la Ley”, hubiese sido la sustitución de ese busto no actualizado con el nuevo poseedor del título de Jefe del Estado, por otro del nuevo ocupante de tal honor. es una costumbre muy habitual, de la que no escapan nobles ni plebeyos la de retorcer la Ley en su beneficio, incluso trocearla debidamente para sentirse respaldado en sus decisiones. En resumidas cuentas:

la Alcaldesa de Barcelona no está cumpliendo la Ley,

y así como otros compañeros suyos exponen sin rubor los motivos últimos de esta decisión, debiera ella misma asumirlos y al tiempo las consecuencias legales que se pudiesen derivar, que en contra de otras opiniones pensamos sí serían posibles si hubiese quien estuviese dispuesto, pues dictar resoluciones arbitrarias a sabiendas de su injusticia y o ilegalidad es un comportamiento tipificado en el Código Penal.

Un saludo y buena semana…

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