• _2016-10-10

Día mundial contra la pena de muerte


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Hoy se celebra el Día mundial contra la pena de muerte. En el contexto actual con la globalización del terror que supone el terrorismo internacional, la pena de muerte entra de nuevo en el debate de las naciones. Algunos países han vuelto a imponer dicha pena ante los actos terroristas sufridos. Para ponernos en contexto, en el año 1977 solo nueve países habían abolido la pena de muerte. En el año 2016 ya son unos ciento cuarenta países. Esa cifra correspondería a casi dos tercios de los países que hoy en día existen. Hoy hablaremos de la pena de muerte en el mundo. También de la pena de muerte en España.

La pena de muerte, historia

La pena de muerte se conoce desde casi los principios de la humanidad. En Roma ya era usada, la primera vez para castigar la traición a la patria. En las XII Tablas, se añadieron otros delitos castigados con la pena de muerte. Terminó cayendo en desuso, aunque sin ser abolida. Posteriormente la llegada de los emperadores, volvió a dar uso a la pena capital. En general todas la civilizaciones de la antigüedad usaron la pena de muerte. Castigando delitos variados, algunos contra el patrimonio y los más contra la integridad de las personas. Lo que variaba era la forma de ejecutar la pena. Que correspondían a las “costumbres” y “usos” de cada sociedad. Las muertes debían ser crueles, porque además de buscar el máximo castigo al que infringía las leyes, se buscaba una especie de aviso al resto. Por eso las condenas eran públicas, para servir de escarmiento y ejemplo al resto. Entre las formas de ejecución estaba la lapidación, la hoguera, la rueda, el garrote…

Otra de las características comunes a los estados que practicaban la pena de muerte, era la existencia de personas encargadas de la ejecución. Los verdugos, que eran funcionarios dedicados a tal fin. Al tiempo en algunas culturas, existía la regla de que la familia o el ofendido por el delito, podía ejercer la pena con sus propias manos.

La llegada del cristianismo

Es con la llegada del cristianismo, es cuando la pena capital empieza a ser discutida. Un proceso lento, y con lagunas temporales en las que se volvía atrás. Episodios como la inquisición son muestra de la colisión de ideas y las propias contradicciones de aquellas épocas. Lo cierto es que el Cristianismo tiene casi tantos escritos que pueden verse como a favor de la pena de muerte, como en contra. Ello se debe a la dualidad de los textos sagrados. Mantenerse al tiempo las escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, produce al tiempo dos posiciones distintas a una misma situación.

Cristianismo a favor de la pena de muerte

A favor de la pena de muerte nos podemos encontrar pasajes de la Biblia. Algunos en el Génesis, en el Apocalipsis, en el Levítico, en el Deuteronomio… Algunos de ellos:

“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada” Génesis 9:6 

“Si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto” Apocalipsis 13:10 

“Entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirá. Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir… La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo; así quitarás el mal de en medio de ti” Deuteronomio 17,5-7

Cristianismo en contra de la pena de muerte

La actual posición de las confesiones cristianas en torno a la abolición, no terminó de formarse hasta bien entrado el Siglo XX. Por aquella dualidad de mantener los dos grandes textos sagrados. Una interpretación moderna y abierta del Nuevo Testamento, es la que ha conformado la postura actual. La palabra de Jesucristo es un canto de desaprobación de la pena de muerte. En concreto el Sermón de la Montaña, dando por válido éste. Su discurso, el de Jesucristo, siempre estuvo bajo el mandato de amor y perdón, incompatible con quitar la vida a un pecador. “Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”, en los escritos de Juan. Lucas también refiere aquella frase: “pero yo les digo a los que me escuchan: amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odien, bendecid a quienes os maldigan, roga por quienes os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntala también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica”.

La posición de la Iglesia Católica

En la actualidad la postura de la Iglesia Católica es clara, está contra la pena de muerte. La encíclica “Evangelium Vitae”, denunciaba entre otras cosas a la pena capital, como una forma de homicidio. Y el quinto mandamiento es claro, “no matarás”. En el Catecismo que rige en la Iglesia Católica, se afirma que si con medios no sangrientos, basta para defender las vidas humanas contra una agresión, la autoridad competente debe limitarse a ellos. Pues justifica que esa formula es la que mejor preserva el bien común y respeta la dignidad del ser humano.

Es habitual oír a los distintos Papas, oponerse en sermones y discursos a las penas de muerte de distintos países. Es importante desde el punto de vista, de que su voz llega a millones de personas en el mundo, y crea conciencia. Pero para comprobar hasta que punto la dualidad ha convivido en el Iglesia Católica, basta recordar que hasta 1969 la pena de muerte aún regía en la Ciudad del Vaticano. Hasta la llegada del Papa Pablo VI, esa pena era la contemplada para el magnicidio del Papa, aunque nunca se llegó a aplicar.

Pena de muerte - Vilches Abogados Madrid

Mural de la prisión Abu Salim de Trípoli (Libia), 15 de marzo de 2014. © Amnesty International

Pena de muerte en el Mundo

En la actualidad pese al avance de las tesis abolicionistas de la mitad del Siglo XX hasta nuestros días, algunos estados empiezan a plantear la pena capital para garantizar su seguridad. Podemos estar ante un punto de inflexión en lo que a la practica de la pena de muerte se refiere. Así países como la India, Túnez o Nigeria, en la última década han ampliado los delitos que se castigan con la pena de muerte. En otros en los que existía una moratoria de ejecuciones, las han reanudado para luchar contra el terrorismo, como el Chad o Pakistán.

Existen unos ciento cuarenta países que han abolido la pena de muerte, con diferencias en el modo de algunos de ellos. Poco más de cien la han abolido para todo tipo de crimen. Seis la han abolido para los crímenes comunes. Treinta países se han declarado abolicionistas. Casi sesenta países son retencionistas, la conservan y aplican. En el año 2015 al menos veinticinco países aplicaron la pena de muerte. La mayoría de estas ejecuciones se registraron en cinco países:

  • Arabia Saudita,
  • China,
  • Estados Unidos,
  • Irán, y
  • Paquistán.

También en los estados se da esa dualidad de la que hablamos en el Cristianismo. Así de los sesenta y cinco países que sí mantienen la pena de muerte para casos de terrorismo, dieciséis son abolicionistas en la práctica. Y uno de ellos lo es para los crímenes comunes. Esto demuestra lo fina que puede ser la línea, entre estar en una u otra posición. En ocasiones defender el equilibrio lleva a la contradicción más absoluta.

España y la pena de muerte

En España la abolición total de la pena de muerte, se dio en 1995. Su abolición la sancionó la Ley Orgánica, de 27 de noviembre de 1995. Aunque de facto para la vida civil, estaba abolida hacía ya diecisiete años. Gracias a la Constitución de 1978, en la que su artículo 15 declara como derecho fundamental la vida:

Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra.

Esa salvedad, las leyes penales militares y los tiempos de guerra, es a la que puso fin la anteriormente citada Ley Orgánica. En España la tradición de la pena de muerte se ha mantenido en el tiempo inmutable hasta el año 1932. En ese año una reforma del Código Penal abolió la pena de muerte, fue durante la Segunda República. Posteriormente en el año 1934, se restableció para los delitos de terrorismo y bandolerismo. Fue ya en la dictadura franquista cuando se incorporó de nuevo al código penal. Las últimas penas de muerte en España se ejecutaron septiembre de 1975.

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