• _2017-07-31

Acoso escolar


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Hoy traemos al Blog un asunto que durante el curso escolar es un grave problema, hablamos de acoso escolar. Para muchos niños el acoso escolar supone un auténtico vía crucis. Más no solo para ellos, las familias que son conscientes del problema, no tienen siempre las herramientas necesarias para ayudar a su hijo. Esto provoca frustración, al sentirse impotentes para ayudar a su hijo. En ocasiones se busca la solución de sacar del centro educativo al menor. No siempre es la mejor solución, pues queda el sentimiento de que los acosadores ganan. A nadie le gusta reconocer que los buenos pierden y ganan los malos. Para los menores es mucho más complicado incluso entender algo así. Como ya hablamos en una ocasión las nuevas tecnologías son un arma más de los acosadores escolares.

Qué es el acoso escolar

Se trata de una situación de maltrato o abuso que se mantiene en el tiempo. Puede ser tanto psicológico como físico, o ambos. Es sufrido por un menor, y los acosadores puede ser uno o varios de sus compañeros de clase. A veces no son compañeros de clase, pero sí son compañeros del mismo centro educativo. Esta práctica causa una gran alarma social, sobre todo porque en ocasiones tiene un desenlace trágico. Ya no solo es por el creciente número de casos detectados. Las consecuencias de este acoso son muy graves para los que lo sufren.

El objetivo último del que acosa es claro, menoscabar la autoestima del acosado. Para llevarle a sentir que es excluido del grupo social al que pertenece. Todos los golpes, las coacciones, insultos y amenazas, tienen el objetivo de aislar socialmente al acosado. De paso el acosador refuerza su posición al conseguirlo. Por eso no es siempre lo mejor sacar al acosado del centro educativo. Recordemos solo es acoso escolar si se perpetra entre iguales. Aunque sea posible que alumnos de cursos superiores, lo practiquen con los de otros cursos inferiores.

El acoso escolar es problema de escala mundial, no es solo un problema regional. Las edades en las que más se dan estos casos son las comprendidas entre los doce y los dieciséis años. Un tramo de la vida de los adolescentes en los que se va conformando su personalidad. Unas edades en las que las dudas y zozobras son habituales. Buscan su sitio en el mundo, y episodios de este tipo no lo ponen nada fácil. Como ya hemos comentado el uso de Internet ha multiplicado las vías de acoso y lo ha llevado fuera de las puertas de los centros educativos, hasta la misma casa de los acosados.

Qué lleva a un niño a ser un acosador

Evidentemente habrá distintas causas, no siempre hay detrás del acosador una vida complicada o un hogar desestructurado. Es evidente que habrá niños que vivan en un ambiente hostil, y que entiendan como un medio de comunicación el uso de la violencia, física o verbal. Otros que estén viviendo situaciones de estrés que les empujen a desahogarse, y eso les lleve a comportamientos anti-sociales. Todas estas situaciones pueden ocasionar que un niño pase a ser un acosador. Pero no siempre, ni en la mayoría de los casos ese contexto es el de los acosadores.

Lo realmente preocupante es que no existe un perfil tipo para los acosadores. Por lo general los episodios de acoso escolar surgen de forma espontánea. Ni el acosado tiene unas características específicas, ni el acosador tampoco. Puede surgir de un primer acto que el acosador celebre a forma de gracia. Lo hará en público y el problema es que nadie le afeara su conducta. Al contrario sus compañeros es fácil que lo feliciten y se rían con él. Esa aceptación del grupo refuerza al menor y le hará repetir esa misma acción. Si sigue teniendo la aceptación del grupo, es sencillo entrar en la espiral de acoso al compañero. No hay nada que más necesite un adolescente que la aceptación del grupo. Y por cruel que parezca da igual pasar por encima de otro para conseguirla.

Así que ante esta arbitrariedad la excusa para iniciar el acoso puede ser cualquier cosa. Desde la ropa o el calzado, al equipo de fútbol del que se es seguidor. El timbre de la voz, llegar nuevo al colegio o la forma de pensar. Cualquier motivo puede ser lo que encienda la chispa. Es complicado en grupo hacer ver a los niños que es una broma, y que es un abuso.

Síntomas del acoso escolar

Un niño que sufre acoso escolar no tendrá ganas de ir al colegio. Ese bien puede ser el primer síntoma de que un menor sufre acoso o bullyng. El menor pierde interés por la vida académica, su rendimiento escolar baja y con ello las notas. Lo síntomas que podemos apreciar en el menor son las consecuencias directas del acoso soportado. Lo difícil es entender estas señales como consecuencias del abuso al que se ve sometido. Pues muchas de ellas pueden confundirse con el tormentoso proceso de la adolescencia.

Un estrés continuado que le crea ansiedad y con ello problemas de sueño. Los menores se vuelven irritables y sufren de ataques de ira sin causa ni razón. Tienden a la baja autoestima y a estar depresivos, falta de apetito. Se vuelven más asociales, huyendo de los encuentros con otros. Dolores reflejos de su situación como dolor de barriga o de cabeza. Todos estos síntomas bien podrían entenderse como habituales en la adolescencia. Lo complicado está en discernir si son “lo normal” o son causa del acoso sufrido.

Qué podemos hacer los padres

El papel de los padres es muy complicado en las situaciones de acoso escolar. Es complicado pero debemos recordar que en general la labor de ser padres lo es en general. Hay algunas pautas que podemos intentar realizar para ayudar a nuestros hijos primero, y en segundo lugar para destapar casos de abuso escolar. Está en nuestra mano escuchar a nuestros hijos sin juzgarles de antemano. Cuando se nos acerquen para hablar, escuchemos activamente, por ejemplo si nos cuentan que se han peleado, no recriminemos esa actitud. Es más importante descubrir porqué ha ocurrido y que nos lo vuelvan a contar si vuelve a suceder. No está bien pelearse pero no siempre está en su mano rehuir los conflictos. Ya habrá tiempo de hablar sobre el uso de la violencia, nunca cuando sale de ellos hacernos participes de un problema vivido.

No solo debemos preocuparnos por sus resultados y calificaciones. Debemos entablar conversaciones sobre las relaciones con sus compañeros. Ir conociendo a los compañeros por lo que nos cuentan, eso nos ayuda a hacernos composiciones de lugar. También debemos tener una comunicación fluida y periódica con el tutor. En esas tutorías no solo debemos de hablar de la evolución de los estudios de nuestro hijo, también debemos interesarnos por su relación con el grupo. Lo que observa el tutor, y si tenemos alguna duda hacérsela saber. No en vano ellos forman parte del día a día del centro y están en una situación más privilegiada que la nuestra para actuar.

Que no debemos hacer

Jamás debemos menospreciar los sentimientos que nuestros hijos tienen de las distintas cosas que les pasen. Nosotros vemos todo desde la visión de un adulto, no nos parecen cosas importantes, pero su mundo es muy distinto al nuestro. No podemos calificar de “chiquilladas” los comportamientos de sus compañeros hacia él. Tampoco aludir a que las cosas se calmarán y todo volverá a la normalidad sin hacer nada. Hacer nada nunca es la solución a ningún problema, más bien al contrario crea otros problemas. Debemos conseguir que nuestro hijo esté cómodo hablando con nosotros. Que tenga libertad para expresarse, que entienda que le escuchamos y apoyamos. Que estamos en esto juntos para buscar la solución. En ocasiones necesitará que le acompañemos para estar seguro físicamente.

En resumidas cuentas la comunicación con nuestros hijos nos ayudará a descubrir si existe un caso de acoso escolar. Es posible que descubramos que algún compañero es el objetivo de los abusos. Tenemos que hacer ver a nuestros hijos que abusar de otros está mal. Y que consentir que otros abusen mirando para otro lado nos hace cómplices. Los centros educativos deben poner herramientas al alcance de los menores para trabajar estos conflictos. Nosotros como padres debemos exigir la implementación de las mismas. Los menores que crecen sometidos a abusos, son potenciales adultos abusadores. Ya sea en sus relaciones con el otro sexo, o dentro de su ámbito familiar.

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